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Su Protección | January 2, 2016

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El sistema inmunitario y la vacunación

El sistema inmunitario y la vacunación
Su Protección

Bacterias, virus, hongos, protozoos y otros parásitos son algunos de los indeseables seres que intentan aprovecharse del sano organismo de nuestro mejor amigo; para evitar estos ataques, la sabia naturaleza ha dotado a nuestros animales de un sofisticado sistema de defensa, un sistema que en algunos casos necesita de apoyos externos como es el caso de las vacunas.
Vamos a adentrarnos en el funcionamiento de este sorprendente sistema de defensa que es el sistema inmunitario.

Las líneas de defensa

Para parar los pies a los posibles invasores, el organismo de nuestra mascota cuenta con dos líneas de defensa:

A la primera línea la denominaremos inmunidad innata que incluye una serie de “estructuras” y “elementos” cuya función será “plantar cara” a los mal intencionados agentes externos. Entre los componentes de esta línea tenemos:
- La piel: Esta maravillosa estructura es en realidad la frontera entre el mundo exterior y el interior de nuestro peludo amigo.
La piel se encarga de frenar la mayor parte de agentes externos, es el mayor filtro y por ello tiene tanta importancia que el estado de la piel y del pelo sea el correcto.
- Secreciones y enzimas digestivas: Como todos sabemos, nuestras mascotas en más de una ocasión actúan como verdaderas aspiradoras, metiendo en su boca cualquier extraño presente que aparezca en su camino.
Generalmente estos elementos no están exentos de pequeños y patológicos seres que utilizan esta vía para intentar invadir el interior de nuestro animal, lo que estos no saben es que los ácidos jugos gástricos y las ezimas digestivas les van a estropear la fiesta.
Este sistema acaba con casi la totalidad de microorganismos que pretenden hacer su agosto por la vía digestiva.
- Fagocitos: Estos “vigilantes” son unas células muy voraces cuya función es ingerir a todo microorganismo que se ponga a tiro. Son muy eficaces y están distribuidos por todo el territorio orgánico del animal.

La segunda línea de defensa se denomina inmunidad adquirida.
En este apartado están todas las formas de defensa relacionadas con unas importantes células protectoras: los linfocitos.

Los linfocitos se ponen en funcionamiento cuando detectan la entrada (entran en contacto) de los microorganismos o de las sustancias que producen (toxinas).
Lo más interesante de los linfocitos es que su respuesta defensiva es “a la carta”, especifica para cada agente agresor, para ello debe reconocer a “los malos”, y los reconoce porque cada microorganismo o toxina tiene unos componentes específicos que los diferencia del resto, estos componentes son los antígenos, aunque por extensión se denomina antígeno a todo el microorganismo o a la toxina.
En definitiva, diremos que el antígeno es “el malo” y además es el que alerta a los buenos, los linfocitos, que desarrollarán toda la acción defensiva adquirida.

Tipos de linfocitos y funcionamiento

Ya hemos dejado claro que los linfocitos son las células especializadas en la defensa, pero debemos saber que estos linfocitos se encuentran alojados en el tejido linfoide, como los ganglios linfáticos, el bazo, partes del tubo digestivo, médula ósea…

Existen dos tipos fundamentales de linfocitos:
- Linfocitos B: Son responsables de “detener” a los antígenos. Una vez unidos a ellos forman los anticuerpos que son, entre otras cosas, el testigo en los análisis sanguíneos de que el organismo de un animal a estado en contacto con determinada enfermedad.
La existencia de anticuerpos contra determinado microorganismo o toxina facilita el reconocimiento “del malo” en caso de que vuelva a penetrar en el organismo del animal.

- Linfocitos T: Tienen una acción más contundente, son los encargados de reconocer y destruir a las células que han sido infectadas por “los malos” (virus y otros agentes intracelulares). Esto lo consiguen mediante la elaboración de sustancias que eliminan la célula infectada o ayudándose de otras células defensivas: los macrófagos (células que ingieren células infectadas).

Es importante comentar que los linfocitos elaboran clones (células iguales) específicos para el antígeno que han reconocido, y estos nuevos linfocitos (clones específicos) se quedan en espera ante la posibilidad de que el malo, para el que han sido creados, vuelva a aparecer en escena. Si esto llega a suceder, será mucho más sencillo acabar con él.
Este “cuerpo clónico de defensa” se llama células de memoria del sistema inmune.

La vacunación

Una vez explicado el funcionamiento del sistema inmune, nos será más sencillo comprender el funcionamiento de una vacuna.
Con la aplicación de una vacuna, lo único que pretendemos es crear células de memoria del sistema inmune ¡¡Lo explicamos!!

En una vacuna se introducen microorganismos o sus toxinas (antígenos) pero con nula capacidad de producir la enfermedad, se atontan o se matan.
¿Qué conseguimos metiendo los microorganismos muertos o “atontados”? Pues si nos acordamos de lo que comentábamos antes, los antígenos son totalmente diferentes unos de otros por sus estructuras y por sus componentes. Al sistema inmune del animal le sobra con reconocer esos componentes y lo puede hacer aunque el microorganismo este muerto o atontado.

Al introducir el antígeno en el organismo de nuestra mascota, entra en funcionamiento todo lo anteriormente comentado: los linfocitos “los detienen”, los reconocen, crean anticuerpos y las importantísimas células de memoria, esto es lo que nos interesa, crear células ya que si en algún momento entra “el malo de la película”, “vivito y coleando”, el sistema inmune de nuestra mascota será capaz de reconocer con rapidez y tendrá “todas las papeletas” para ganar la batalla.

La vacuna ideal deberá:
- Tener una gran capacidad de desarrollar la respuesta inmune en nuestra mascota
- Tener una nula capacidad de provocar la enfermedad al inocularse

Algunos consejos

- La vacunación es en muchos casos, la única forma posible de evitar que nuestro mejor amigo enferme o muera.
- No debemos ver la vacunación como un acto comercial del veteriniario, ni como una pauta sanitaria de escasa necesidad.
- Debemos vacunar al animal sólo si está totalmente sano y correctamente desparasitado. Con ello conseguiremos que la respuesta inmunitaria sea lo más fuerte posible; si el animal está enfermo el sistema inmune no será capaz de atacar a la enfermedad en curso y a la vez, elaborar muchas células de memoria y de “la mejor calidad”. – Los cachorros deben revacunarse debido a la inmadurez de su sistema inmune y a la interferencia de las defensas maternas con la vacunación

La revacunación anual es imprescindible pues nos asegura una protección continuada y de alta efectividad en caso de aparición de cualquiera de los abundantes y mal intencionados “malos de la película”.

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