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Su Protección | December 23, 2015

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¡Este perro es un tragón!

¡Este perro es un tragón!
Su Protección

Salvo contadas excepciones (patologías hormonales principalmente), un perro tragón no nace, ¡se hace! ; y como casi todos los defectos y malas costumbres de nuestro animal de compañía, el ser un tragaldabas no surge de forma espontánea, es el lógico desenlace tras una serie de incorrectas actuaciones del propietario.

Esta fijación adquirida hacia el alimento tiene como consecuencia múltiples problemas: robos, perro basurero (el animal se mete en la boca todo lo que encuentra a su alcance), patologías digestivas por ingestión de alimentos o productos en mal estado y la inevitable obesidad como consecuencia de una mayor entrada de alimento de la necesaria para el desarrollo de una vida normal.

¿ES UN LADRONZUELO?

El animal no roba porque le apetezca, sino como resultado de una conducta aprendida; puede no tener necesidad si su alimentación es adecuada, pero si le hemos condicionado a que fuera de las horas de comida le damos de todo, intentará hacer lo mismo cuando le apetezca, siempre y cuando tenga productos a mano. ¿Por qué no puedo coger la comida que tengo a mano cuando me apetece? No hago nada malo, es lo mismo que como todos los días. Esta conducta sólo acarrea disgustos: vómitos, diarreas, e incluso en casos más graves el necesario paso por el quirófano para extraer el cuerpo extraño que Toby robó de la basura o cogió de la calle. ¿Cómo evitarlo? Lo más lógico será no acostumbrar a nuestra mascota a comer a deshoras, algo sencillo si lo hacemos desde cachorro. Pero…si lo hicimos mal y nuestro perro presenta esta conducta, ¿qué debemos hacer?; lo mejor será seguir estas sencillas pautas:

- evitar las tentaciones, no dejando al alcance del animal alimentos, objetos ni basuras.

- Ser estrictos con los horarios de comida. El animal come su comida y a las horas marcadas.

- El bozal será un método represivo muy útil, y lo utilizaremos cuando pillemos al animal “in fraganti”, intentando apropiarse de algo que no debe. No es adecuado el uso continuo del bozal, ya que pierde gran parte de su efectividad. Su uso en los momentos oportunos será una de las mejores formas de “explicar” al animal su error.

- Mantener alejado al perro del comedor y de la cocina en los momentos en los que comemos y en los que preparamos nuestras comidas.

¿ES UN MALEDUCADO?

Volvemos a insistir: el animal maleducado es el resultado de los fallos del propietario; un animal que muerde todo lo que se le pone a tiro (paredes, muebles, alimentos, basura…), que coge cualquier cosa con la boca…no es más que el premio a todas las papeletas compradas durante el proceso de educación. Un perro que pasa mucho tiempo solo en casa, aparte de una posible ansiedad, tiene todas las posibilidades de tomar como entretenimiento el frenético mordisqueo de todos los muebles y enseres del hogar. Un animal que sale a la calle sin control y al que se le ha permitido meter el hocico donde le place, tendrá como afición la cata y degustación de todas las porquerías urbanas. ¿Tiene él la culpa?.

Debemos tener presente que el animal necesita aprender; debe entender que quedarse solo no supone un abandono y para ello su propietario tendrá que esforzarse y dedicar el tiempo y los medios suficientes para “explicárselo”. Si conseguimos que nuestro animal está tranquilo a pesar de nuestra ausencia, habremos evitado uno de sus mayores problemas de glotonería: la ingestión de mobiliario por estrés.

En lo referente a su hobby como basurero, conseguiremos evitarlo acostumbrando al animal a pasear a nuestro lado y bajo nuestro control; como ya hemos dicho, si el animal goza de plena libertad, intentará probar todo aquello que aparezca frente a su hocico. Si está bajo nuestro control, podremos disuadirlo con un seco tirón de correa acompañado de un enérgico “NO”. En casos más extremos utilizaremos el bozal como método disuasorio y no de forma continua ya que pierde su eficacia.

¿ESTÁ ABURRIDO?

El sedentarismo de nuestras mascotas es, por desgracia, un hecho bastante frecuente. Son

frecuentes los casos del perro que sale a la calle con el tiempo justo de aliviar su organismo. Con ello conseguimos un animal cada vez más desinteresado por una serie de actividades (paseo, juego, ejercicio…) y prácticamente obsesionado por la alimentación.

Es algo totalmente admitido en el género humano que el aburrimiento y el sedentarismo suelan combatirse con frecuentes escapadas a la nevera. En nuestros perros, esta falta de motivación también provoca un mayor interés por el alimento (por supuesto, con la colaboración del propietario , que intenta mitigar las penas de su mascota con todo tipo de jugosos platillos y picoteos), que desencadenará un lógico aumento de peso debido al nuevo vicio aprendido: comer, comer, comer, comer…

Este animal se convierte en un especialista pedigüeño, no sólo por el interés hacia la comida, sino por el interés al único acto de cariño que le muestra su propietario. Es importante tener presente este punto; nuestras mascotas no sólo aceptan lo que les ofrecemos como una respuesta a su apetito, sino que en muchas ocasiones la aceptación del premio, picoteo o alimento es una respuesta agradecida a una de las muestras de cariño del propietario. ¿Solución?: evidente, dedicar el tiempo suficiente a los juegos, salidas y ejercicio de nuestra mascota; con ello no tendremos que suplir estos necesarios actos por excesos nutricionales.

¿COME MUCHO?

Es posible, pero como pueden entender el perro comerá mucho si dispone de mucha comida, ya que por el momento no se conoce ninguno con la capacidad de ir a la compra y servirse la cantidad que le apetezca. Los excesos alimentarios más frecuentes vienen dados por los siguientes comportamientos del propietario:

- Alimentar a libre disposición a aquellos animales que comen con mucha rapidez o que no controlan su límite.

- Complementar la dosis diaria de alimento con sobras de nuestra comida o con añadidos alimentarios de dudosa eficacia y gran perjuicio.

- Utilización de alimentos inadecuados para la edad, estado o actividad de nuestra mascota.

Las soluciones a estos frecuentes errores son sencillas:

- Controlar la cantidad de alimento diario.

- No complementar el alimento.

- Utilizar un alimento adecuado para la edad, estado y actividad de nuestra mascota.

¿ESTÁ GORDO?

Como ya hemos comentado otras veces consideramos obeso a aquel animal cuyo peso sobrepasa un 15% del ideal. En nuestra sociedad, entre un 30 y un 50% de perros y entre un 15 y un 30% de gatos, son obesos. Y lo más curioso es que la obesidad de nuestras mascotas es muchísimo más frecuente si los propietarios también presentan este exceso de peso; hasta cierto punto es lógico, pues propietario y animal hacen menos ejercicio, el dueño come más y solidariza a su mascota con comida cocinada, mayor cantidad de comida específica del animal, todo tipo de chucherías…

La posibilidad de que nuestra mascota padezca obesidad aumenta con la edad y se presenta más comúnmente en hembras que en machos. También existen razas más predispuestas: labrador, cairn terrier, cocker spaniel, teckel, basset…

Asumir con celeridad el estado de carnes de nuestra mascota, es el primer paso para su mejora de salud, su liberación de patologías secundarias y un considerable aumento de las perspectivas de vida. Pero esto que parece tan sencillo… ¡¡no lo es!!, a todos nos cuesta reconocer que nuestro animal no esta fuerte, sino gordo, y gracias a este no querer ver la realidad, nuestro animal seguirá su tendencia, su peligrosa tendencia de seguir comiendo sin freno, acumulando kilos en su organismo y haciendo un peligroso acopio de graves patologías.

Como siempre, el veterinario será la persona que debe abrirnos los ojos; él será el que tras observar el estado del animal, comentar el sistema de alimentación y pesarlo, decidirá el plan a seguir.

Pero… para irnos mentalizando, daremos unos datos para evaluar el estado de nuestro buen amigo:

- Consultar el peso ideal de su raza (si la tiene).

- Palpar sus costillas: deben notarse al pasar la mano con suavidad; si no las notamos… ¡malo!.

- No debe presentar “carnes colgantes” en su abdomen.

Si creemos que nuestro animal esta gordo, acudamos al veterinario, con el plantearemos el plan a seguir para reducir el peso de nuestro mejor amigo, dicho plan constara de los siguientes puntos:

- Cooperación absoluta (imprescindible) del propietario.

- Evaluar la salud del paciente para confirmar o descartar posibles patologías que favorezcan la obesidad.

- Pesar al animal y evaluar su peso ideal.

- Establecer unos objetivos para la reducción del peso (cuantos kilos y en cuanto tiempo).

- Reducir el ingreso calórico:

. Disminuir la cantidad del alimento habitual.

. Utilizar dietas de adelgazamiento.

- Alimentar varias veces al día (la cantidad establecida por día se reparte en tres o cuatro tomas).

- Mantener al animal alejado de las zonas de comedor y cocina cuando se coma o cocine.

- Ejercicio adecuado a las características del animal (de menor a mayor intensidad).

- Reconocimiento y pesaje del animal cada dos semanas (aproximadamente).

Una vez conseguido el propósito deberemos seguir pesando al animal y anotando el peso; ante cualquier cambio volveremos a valorar la situación con el profesional.

RESUMIENDO…

Para evitar las situaciones que hagan de nuestro animal un autentico tragaldabas debemos tener muy presentes los siguientes puntos:

- Educación: es nuestra responsabilidad enseñarle lo que debe y no debe comer y también “explicarle” su comportamiento en su soledad en el hogar y ante los alimentos o basuras de casa y de la calle.

- Alimentación:

. Elegir una comida adecuada para su edad, estado y actividad.

. No mezclar con otros alimentos.

. Alimentar a horas concretas, en su comedero y en un emplazamiento fijo.

. Alejar al animal del comedor cuando estemos comiendo y de la cocina cuando estemos cocinando.

. No abusar de los premios alimenticios.

. Administrar cantidades adecuadas a su peso.

. Controlar el peso.

- Ejercicio y juego.

- Uso del bozal como método represivo (no continuo).

 

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